viernes, 29 de octubre de 2010





EL DEMONIO DE LAS ARMAS




Joseph H. Lewis , habitual de filmes de serie B , y no por ello con menos talento que otros con mayores presupuestos , dirige en 1.949 “ El demonio de las armas “ , basado en un relato de Mc Kinlay Kantor y en el que también participó , de forma clandestina , Dalton Trumbo, guionista vetado por las listas negras .

Película que retoma el tema de la pareja fugitiva , abordado en filmes como “ Solo se vive una vez “ ( Fritz Lang , 1938 ) y que describe el camino hacia el desenlace trágico de Bart Tare ( John dall) y Annie Laurie Starr ( Peggy Cummings ).

Relación amorosa que se inicia con buenos propósitos que no lograrán materializar . Bart se ve abocado a la delincuencia por la atracción y el amor que siente por Laurie. Ésta, rebelde y obsesionada por vivir el presente sin límites y a quien la vida no ha dado una oportunidad , refleja los tópicos de mujer fatal : sensual, ambiciosa, turbia, sin escrúpulos ; con una diferencia respecto al resto , está realmente enamorada de su pareja.

La fatalidad del destino y la atracción sexual que ejerce la protagonista sobre su marido se manifiestan como componentes fundamentales del filme .

A destacar la forma de rodar los dos atracos : el atraco al banco , secuencia rodada en un solo plano, con la cámara situada en la parte trasera del vehículo , muestra la llegada del coche a la ciudad, la conversación de Laurie con un policía mientras tiene lugar el atraco en fuera de campo. Atraco al matadero, donde es el montaje lo que otorga ritmo y vitalidad a la huída.

La presentación de la protagonista no es nada convencional . Lewis en vez de mostrarnos una parte de su anatomía , generalmente las piernas, encuadra las pistolas que lleva en sus manos y que suscitan , a modo de inquietante símbolo fálico , la atracción de Bart.

Tras el imposible final feliz , la historia acaba con el descanso definitivo : tras ser abatidos por la policía , uno de los amigos de Bart que participó en la persecución , afirma respondiendo a una pregunta y emitiendo el epitafio final : “ Sí , todos estamos bien “ ; solo la tortura de su existencia puede acabar con la muerte de los protagonistas.

1 comentario:

Nino Ortea dijo...

Hola, Agustín:
Lo reconozco, tras leer tu reflexión creo que tengo que volver a ver la peli.
Dado tu perfil progresista, creí que escribirías algo sobre mi compadre Camacho.
un abrazo